Anoche la luna se vistió de largo, se puso sus mejores galas, dejó ver todo su rostro, como esa niña a la que se le ilumina la cara el día de su primera comunión.
Subió con fuerza hasta lo más alto de la noche sevillana, luciendo un blanco impecable, iluminando con toda su fuerza una noche tan trágica, como queriendo decir algo, como queriendo dar brillo a una noche tan negra, como queriendo marcar el camino del último adiós a un gran futbolista.
Antonio Puerta.
“Dicen que nunca se rinde, que el arte de su fútbol no tiene rival…”
Fiel reflejo de tantos sueños por cumplir, de tanta ilusión por vestir una camiseta, de llegar a lo más alto con humildad, de saber tratar a la gente.
Ejemplo para muchos niños, que retuercen sus bufandas cada domingo en el Sánchez Pizjuán, mientras alientan con sus gritos y canciones al equipo en el que sueñan con jugar; Algún día, muchos de ellos, llegarán a ser diamantes que pulir por los técnicos de las categorías inferiores, como hicieran con Antonio, perfilando sus aristas, sacando lo mejor de su interior como persona y como futbolista.
Porque no hay que olvidar que el Sevilla es algo más que un equipo de fútbol, es un sentimiento, roto en las últimas horas, pero un sentimiento. Es una familia, una institución, un club, una escuela para muchos jóvenes andaluces, una ilusión, un referente, un corazón que late gritando…
Antonio alegró muchas tardes de mi vida, con ese fútbol potente, lleno de garra, fuerza y calidad. Se convirtió en eso que tanto me complace, una joya de la cantera corriendo por la verde pradera de Nervión, haciendo realidad sus sueños, siendo protagonista de la historia más reciente de este club, marcando su terreno con cada carrera, con cada derroche de casta, con cada gota de sudor, hasta el punto, de costarle la vida.
Hoy estará en el tercer anillo, esa grada creada con ilusión, cariño, sentimiento y la firme voluntad del sevillismo por ofrecer a sus seres queridos un sitio desde donde contemplar al equipo de sus amores.
Pasarán los años, será otra joven promesa la que corra la banda izquierda del Ramón Sánchez Pizjuan, serán otros los críos que llenarán esas gradas de alegría, nervios contenidos, ilusión; pero siempre habrá alguien que mire atrás en los años, que desde la memoria y el cariño le cuente a sus nietos, bisnietos, sobrinos, hijos, que existió un futbolista que llenó de ilusión los corazones del sevillismo, en los años de mayor gloria para este club, y le dirán su nombre, ANTONIO PUERTA.
David González.- (22/08/07) |
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